Este mes Toni de Contes per crèixer, comparte con nosotros la historia de unos niños con recursos limitados y muchas ganas de apreder.

EDAD RECOMENDADA PARA ESTE CUENTO:

A partir de los 8 años.

POR QUÉ DEBES LEER ESTE CUENTO A TUS HIJOS:

Este cuento es un excelente recurso para acercar a las niñas y a los niños a otras realidades distintas a las suyas.

Está pensado para que podáis explicar a vuestros hijos que tienen unos derechos reconocidos por las Naciones Unidas. Uno de ellos es el derecho a la educación.

No todos los niños del mundo tienen las mismas facilidades para ir a la escuela, no todas disponen de maestros bien preparados, con los recursos económicos y materiales necesarios…

Si tu hijo ya tiene ocho o nueve años, leed juntos este cuento. Pregúntale que le gusta más de su escuela, que cree que se podría mejorar, que cosas no les gustan tanto… Podéis aprovechar para conocer en que continente se encuentra Bolivia, cómo es el altiplano boliviano… en internet encontraréis fotografías de Toledo.

Como veis, los cuentos nos motivan para aprender, pensar y crecer.

LA ESCUELA DE TOLEDO

En el altiplano boliviano, a unos cuarenta kilómetros de la ciudad de Oruro, hay un pequeño pueblo llamado Toledo. Y casi a las afueras se puede encontrar una pequeña escuela. Un pequeño edificio de planta baja construido a base de “adobes”: piezas que recuerdan los ladrillos en cuando a la forma, pero hechos a base de barro mezclado con la “pajabrava” que es una hierba que crece en el altiplano y que da consistencia a cada pieza de “adobe”.

Los maestros de la escuela no son del pueblo. Generalmente viven en Oruro y, cada día, hacen el trayecto de cuarenta kilómetros para llegar a Toledo y poder desarrollar su trabajo. ¡Pero qué trayecto, sabéis! Una carretera de tierra, llena de baches que durante la época de lluvias (de noviembre a marzo) es aún más complicado circular; unos autobuses muy viejos y que no tienen horarios de salida. Y, ¿cuándo salen? Pues, cuando están llenos. Ya veis qué condiciones. También hay que decir que algunos maestros, optan por alquilar una habitación en el pueblo y durante la semana se quedan allí.

El Reynaldo y la Wara (nombre que en la lengua aymara significa estrella) eran dos hermanos, él tenía 12 años y ella 10. No estaban demasiado contentos de cómo funcionaba la escuela. Ellos querían aprender muchas cosas y no siempre tenían clases: a veces porque los maestros no habían llegado de Oruro por circunstancias diversas; otros porque no había maestros sustitutos; algunos días la escuela no se abría porque dentro de las aulas hacía mucho frío y no era recomendable que los niños se quedaran.

Iban pasando los días, los cursos y la Wara y el Reynaldo se daban cuenta de que perdían oportunidades, que iban retrasando sus estudios, que no tenían a su alcance toda la información que les podía ser útil. Cada vez se aburrían más en la escuela ya que todo era muy repetitivo, se cansaban de copiar y copiar cosas de las que no encontraban sentido, se desmotivan cuando debían memorizar textos y más textos que seguramente no les servirían para nada.

Los dos hermanos tenían unos primos que vivían en la ciudad de Oruro. En alguna ocasión cuando se habían reunido toda la familia por algún motivo especial, habían compartido entre ellos como les iban los estudios. Lucy y Roberto se quedaban boquiabiertos de lo que les explicaban los primos de Toledo. Ellos estaban mucho mejor: maestros más motivados, más jóvenes, clases más estimulantes y motivadoras, tenían aula de informática …

El Reynaldo y la Wara a pesar de conocer la realidad de la ciudad, las mejores condiciones de las escuelas … no podían dejar su querido pueblo para ir a estudiar a la ciudad, sus padres no tenían suficientes recursos económicos.

Ellos, sin embargo, tenían una gran suerte: desde hacía algunos años, durante los meses de julio y agosto llegaba un grupo de voluntarios a Toledo que entre otras cosas organizaban clases de refuerzo escolar, actividades lúdicas al aire libre … los dos hermanos lo aprovechaban al máximo para aprender muchas cosas de los voluntarios.

 

El Ton era uno de esos voluntarios que había ido varios años consecutivos. Conocía bien a la Wara y al Reynaldo. Siguió de cerca la evolución de los dos estudiantes. Y como se había dado cuenta de que tenían un interés muy grande en saber nuevas cosas, en formularse preguntas, en querer saber el porqué de las cosas … decidió buscar unas becas de estudios para que pudieran ir a la universidad.

El Ton trabajó duro para encontrar aquellas becas que finalmente consiguió. Aquel julio les daría la noticia. El Reynaldo y la Wara ya tenían edad para ir a la universidad. Tenían unos meses para hacer los preparativos ya que tendrían que ir a vivir a la ciudad de La Paz, la capital administrativa del país. Unos familiares que ya hacía muchos años que se habían ido de Toledo, los acogerían.

¿Y sabéis que quería estudiar el Reynaldo? ¿Y la Wara? Pues los dos querían estudiar magisterio, querían ser maestros como Ton. Pero es que, además, querían ser maestros porque querían trabajar en la escuela de su pueblo, vivir en el pueblo para estar cerca de los niños y que no se quedaran sin clases. Querían renovar la forma de enseñar para que los niños no perdieran nunca las ganas de ir a la escuela. Trabajarían para tener una escuela digna, que cuando lloviera no hubiera goteras y tuvieran que enviar a los niños y las niñas a sus casas. Trabajarían para tener unas aulas más grandes, con mucha luz y bien ventiladas. Aprovecharían la energía del sol para calentar la escuela y no pasar frío mientras hacían la clase de matemáticas …

Aquel par de estudiantes tenían muchas ilusiones y esperanzas. Los años de estudio en la universidad pasaron volando y los dos hermanos salieron bien preparados: ya eran maestros. Ahora había que ponerse manos a la obra, era el segundo reto: volver a Toledo y empezar a transformar la escuela en la que estudiaron muchos años cuando eran niños.

Poco a poco, fueron trabajando i transformando aquella escuela. Encontraron, con la ayuda del Ton, el dinero necesario para construir una nueva escuela que cuando llovía ya no tenía goteras, que se estaba muy bien porque ya no era fría…

Ahora, la escuela de Toledo es reconocida como la mejor escuela que hay en la provincia de Oruro. Las aulas están llenas de niños ya que las familias no se van del pueblo en busca de una buena escuela, la tienen muy cerca de su casa. Los maestros están comprometidos con la educación porque saben que los niños de zonas rurales deben tener las mismas oportunidades que los niños que viven en la ciudad.

Y el compromiso de la Wara y del Reynaldo con su gente y el mundo de la educación no termina aquí: ya están pensando de qué manera pueden fundar una Escuela de Magisterio en Toledo.

Descárgate este cuento en PDF aquí

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