Queremos adultos independientes, capaces de valerse por si mismos, con iniciativa y resolutivos… como se pueden desarrollar estas capacidades de adultos si no nos lo han inculcado de pequeños? Este es el motivo por el que como padres, debemos ayudar a nuestros hijos y fomentar la autonomía lo antes posible, haciendo así que sean independientes de forma natural sin que se sientan perdidos o inseguros cuando no nos tienen a su lado. Gloria de Balanceo formación nos cuenta la importancia de esto y como conseguir fomentar la autonomia desde bien pequeños.

La autonomía es uno de los regalos más grandes que podemos hacerles a nuestros hijos. Ser autónomo conlleva poder hacer cosas que antes no podíamos, con lo que nuestra autoestima aumentará. Además, nos hace ser parte del grupo, podemos participar en las tareas de la familia e ir viendo nuestro progreso.

Por eso es importante que desde pequeños los niños tengan oportunidades para mostrar su autonomía.

¡Cuidado! Ser autónomo no significa no poder pedir ayuda o tener que hacer todo solo. Ser autónomo significa ser consciente de las responsabilidades y de las consecuencias de los actos, intentar resolver los problemas por uno mismo y saber cuándo debemos pedir ayuda.

Para ayudar a tu hijo a ser autónomo, lo primero es dejar de dirigir sus pasos. En lugar de eso, puedes acompañarle. ¿Qué diferencia hay? Te lo mostraré en un pequeño diálogo:

-Hijo, ponte las zapatillas, que llegamos tarde al cole. Venga, coge la mochila, toma, el desayuno que se te olvidaba.

 

¿Te suena? Esto sería darle al niño las cosas hechas, él no tiene que pensar. Fíjate ahora en qué consiste el acompañar:

-¿Qué te queda por ponerte?

-Las zapatillas.

-Vale, pues venga, queda poco tiempo para ir al colegio. Ya sabes qué pasa si llegas tarde.

-Sí, me ponen falta y no me gusta.

-¿Qué tienes que coger ahora?

-La mochila.

-¿Crees que lo llevas todo?

-Voy a mirar. Me falta el desayuno, ¿me lo traes mientras acabo?

En este último caso, el niño es guiado, pero soluciona él sus problemas, entiende las consecuencias de sus actos y pide ayuda sin depender por entero de su padre o madres.

Soy consciente de que el último diálogo es más lento y que no siempre tenemos ese tiempo. Pero integrar en nosotros esta forma de actuar nos ayudará a que fluya con más facilidad. De hecho, el primer fragmento ni siquiera es un diálogo, ¿verdad? El niño ni aparece.

¿Cómo puedo acompañar a mi hijo sin dirigirle?

Plantéale preguntas, no órdenes. Si te fijas, es lo que hemos hecho en el segundo dialogo. Cuando tenga un problema (una mala nota, un conflicto con un amigo o contigo…) pídele qué te explique su plan: ¿qué vas a hacer con esto? Quizá no te sepa responder inmediatamente, pero puedes seguir preguntando: ¿cómo se siente?, ¿qué le gustaría hacer?, ¿qué medios tiene para hacerlo?…

Puedes pensar que esto funciona con niños mayores, pero puedes empezar a hacerlo ya desde los 3 años. Por supuesto, los problemas que puede resolver un niño pequeño son sencillos, pero supondrán un reto para él: recoger algo que tiró, vestirse, ordenar…

¿Cómo puedo enseñar a mis hijos a hacer las cosas solos?

En primer lugar, explícales las normas de la casa para que sepan cómo deben actuar: cuándo se visten, cuándo recogen, cómo pueden ayudarte en la cocina…

Después, dales a conocer las consecuencias de sus actos. No se trata de castigar, sino de algo que pasará sí o sí y que deriva de su acción. Si no recogen los juguetes, se pueden perder. Si no se visten a tiempo, llegarán tarde. Si manchan, tendrán que recogerlo. Sin enfados, sin amenazas. Todos conocemos las normas y las consecuencias y aceptamos el trato.

¡Juega! El juego es el lenguaje de los niños. Ayúdales en sus tareas con pequeños juegos, inventa aventuras, haz carreras… Cualquier cosa que se te ocurra les motivará a actuar.

¿Cómo les ayudo en su autonomía?

Para que los niños puedan ser más autónomos es imprescindible que el espacio esté adecuado a sus necesidades. SI no pueden llegar a lavarse las manos solos, dependerán de ti y no porque no sepan o no sean capaces, es simplemente que el lavabo está demasiado alto. Todo lo que puedas adaptar a su altura, fuerza y capacidad será un logro para ellos.

Déjales tiempo para que aprendan a hacer las cosas. La prisa es una gran enemiga de la autonomía. Cuando vamos corriendo tendemos a hacer las cosas nosotros y no les dejamos aprender. Por eso te recomiendo que pruebes cosas nuevas en momentos de calma. Por ejemplo, si quieres que tu hijo aprenda a ponerse unos zapatos nuevos practica por la tarde o cuando tengáis un rato sin prisas para que cuando llegue el momento de ir al colegio él se sienta más confiado.

Puedes anticipar posibles problemas eliminando barreras o todo lo que no le permitirá hacer las cosas por sí mismo.

No olvides que ser autónomo es ser dueño de nuestra vida, ¿hay ago mejor que le puedas enseñar a tu hijo?

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